Mbappé tira el flotador, Ceballos lo recoge y Bellingham lleva a la orilla al Real Madrid
Los de Ancelotti respiran en la Champions tras derrotar (2-3) al líder de la Liga italiana en su casa. Gol del francés, partidazo del utrerano y absoluta masterclass del inglés, que por momentos recordó a Zizou

Jude Bellingham celebra su gol, el tercero del Madrid ante la Atalanta
Tampoco es que la selva estuviera llena de panteras, algún jabalí cabreado si acaso, pero el Real Madrid se plantaba en el Safari Park de Bérgamo para jugar ante la Atalanta, líder de la Liga italiana, con la necesidad imperiosa de ganar para que su paso por esta Champions de la liguilla larga no se convirtiera en una merienda para leones, siempre ansiosos de devorar a esos hombrecillos vestidos de blanco.
Pero no hubo ocasión para ello. Esta vez no. Ancelotti tiene duende, flor, un bebedero de patos, lo que ustedes quieran. Pero lo tiene. Y cuando la soga aprieta el cuello, el italiano hace un nudo de corbata perfecto, dice tres veces la palabra "eneryía" y se acabó lo que se daba. El Real Madrid ganó a la Atalanta (2-3). Agonizando, con un remate inverosímil fallado bajo palos por los locales en el último balón del partido. Pero ganó. Así que las mocitas madrileñas van alegres y risueñas, una vez más.
Tres factores desequilibraron el partido a favor de los madridistas. El primero, Mbappé. Con un lenguaje corporal más animado que otras veces, como si además de haberse soltado por su entrevista a Canal+ Francia hubiera encontrado el Santo Gyal (chiste malo), el francés fue una amenaza constante para la Dea (diosa, que es como llaman los italianos a este club, con palabra que parece acrónimo de cualquier Agencia Estatal contra el Narcotráfico, así de espantoso suena).
Mbappé marcó un gol, un señor golazo, un tanto que firmaría el Kylian del PSG, control orientado con regate y zapatazo morrocotudo a la red. Y dispuso de dos ocasiones más, que marró. Pero Mbappé se pareció por fin al Mbappé que enamoró a tanto madridista, corriendo como una manada de ñus camino del Serenguetti sin importar que allí esperen los cocodrilos.
Mbappé duró poco sobre el campo porque esta vez fue él a quien le tocó ayer el Premio Tiritas al Lesionado de Todos los Partidos y tuvo que ser sustituido (se someterá a pruebas este jueves) antes del descanso. Por aquel entonces el Madrid tenía claras dos cosas: que Tchouameni, esta vez central, tampoco sirve ahí y que Ceballos se había erigido como el dueño y señor del partido.
Porque el utrerano dio un paso al frente en Bérgamo y recordó a ese Ceballos abusón que controlaba todo lo que pasaba a su alrededor cuando jugaba en el Betis, y no se despistaba por el vuelo de una mosca. El 19 templó, mandó y ordenó, cosa que el Madrid agradeció enormemente ante los problemas defensivos de Lucas Vázquez y Tchouameni con Lookman y el enjambre de avispas que es un futbolista belga de nombre impronunciable y guante de seda, Charles de Ketelaere.
Al Madrid, tras el gol y cambio de Mbappé, le empató la Atalanta justo sobre el silbatazo del descanso por un error grosero de Tchouameni, que demostró que no es central cometiendo un penalti que solo comete un desubicado. Pero tras la reanudación, emergió un Bellingham imperial, el que se elevó sobre las aguas el curso pasado, el que flota y cañonea. Vinicius hacía el 1-2 en un regalo defensivo local, pero Jude era ya canela fina. Otra historia. El Madrid es Bellingham y diez más le pese a quien le pese.
Jude es una bendición, y hace plantearse hasta el tomar beans en el desayuno como reconocimiento a su fútbol. Templó, mandó, controló balones inverosímiles, hizo ruletas, regateó cimbreando las caderas pero sin tocar el balón... y cargó el cañón para hacer el tercer gol, golazo, del Madrid. La Atalanta apretó, es un equipo pinturero, ofensivo y que va y va, hizo el 2-3 en un error de Lucas Vázquez y pudo empatar en el último balón del partido. Pero no lo hizo. "Eneryía", dijo Ancelotti. Y la vida florece de nuevo en el Real Madrid de Champions.