COPA DEL REY
Endrick sigue tirando la puerta abajo y el Madrid da el primer golpe en su semifinal
El brasileño, que marcó un golazo y estampó un zurriagazo en el larguero, muestra su voracidad ante la Real Sociedad (0-1). El partido se tuvo que detener al activarse el protocolo por insultos a Raúl Asencio

Endrick celebra el gol del Madrid en el Reale Arena.
Cada ocasión que tiene de asomar la patita, como pedían los Tres Cerditos al Lobo Feroz antes de abrir la puerta, se enfada y la tira a zapatazos. Un golazo de Endrick, el brasileño que pide más minutos, le dio la victoria (0-1) al Real Madrid (sin Mbappé, Valverde ni Courtois) en el choque de ida de semifinales de Copa ante la Real Sociedad en San Sebastián. Ante el festival de goles del Barcelona-Atlético del martes, el choque en el Reale Arena fue más parco en goles y más serio en defensa.
La Real salió a morder, pero se quedó sin kukident a los diez minutos. Mucho tuvo que ver el empeño del Madrid en no precipitarse, ni siquiera cuando Kubo tuvo una ocasión para marcar tras una pérdida de un Camavinga que anduvo demasiado despistado durante varias fases del partido. Los de Ancelotti aceptaron el embate realista y decidieron salir tocando. En cuanto consiguieron desactivar el entramado defensivo realista, el Madrid comenzó a vivir mejor.
Y lo demostró con el gol, golazo, tras una recuperación de Vinicius cerca de su área (si quieren encontrar por qué el Madrid juega mejor ahora, ahí lo tienen: ahora son un equipo), un enorme pase de Bellingham y el posterior genial control y remate con el empeine y a pie cambiado de un Endrick que sigue añadiendo muescas a su revólver. El brasileño, sin sitio en el once en los duelos trascendentales porque sentar a Vini, Mbappé, Rodrygo o Jude en los días en que todo está en juego es simplemente imposible, saca las uñas. Y eso es una magnífica noticia para Carletto.
Todo lo contrario que un Arda Güler que no es que juegue tan poco que está empezando a residir en el baúl de los recuerdos, es que cuando tiene opción de mostrar carácter y hacerse notar no solo no lo hace, sino que se encierra en un castillo. Fue absolutamente transparente y su presencia en este equipo es inexplicable. O sirve (y tendrá que demostrarlo) o no (y tendrá que marcharse).
El gol calmó al Madrid y la Real comenzó a darse cuenta de que le tocaba enfrentarse al Everest. Kubo, excesivamente individualista, no podía con Fran García y no entendía tampoco los desmarques ni de Brais Méndez ni de Oyarzabal. Por el otro costado, Barrene sí volvió loco a un Asencio a quien Ancelotti, posiblemente por presión de la Prensa 'amiga', jugó de lateral derecho, cuando nunca (repito, nunca) ha jugado en el Castilla en esa posición. Los experimentos, con gaseosa.
Precisamente Asencio fue protagonista indirecto de la acción más deleznable del partido. El chaval llevaba oyendo desde el comienzo los habituales silbidos por su situación procesal en el caso de la divulgación del video sexual de unas menores, pero en el alargue del primer tiempo una parte del público le deseó la muerte a gritos. Se activó el protocolo para estos caso sa instancias de Vinicius (capitán madridista, cielos) y del colegiado Sánchez Martínez y, en una respuesta sorprendente, todo el estadio abucheó al anuncio por megafonía de que cesaran los insultos. Hay gente con menos luces que las Cuevas de Altamira en la Hora del Planeta.
Astillas
La Real salió del vestuario con el colmillo retorcido y una doble ocasión de Oyarzabal y Kubo desbaratada las dos veces por Lunin fue el aviso que necesitaba el Madrid para volver a ponerse el mono de trabajo. Casi de inmediato, Endrick, con un zurriagazo colosal tras un control diabólico, hizo astillas el travesaño de Remiro en lo que hubiera sido el gol de esta Copa. Y la Real ya se sintió inferior. Los de Ancelotti controlaban el partido y tenían varias ocasiones a la contra que la mayoría de las veces Vinicius desperdició por exceso de individualismo. El brazalete de capitán pesa y no es sencillo de llevar.
Fueron veinte minutos repletos de contras del Madrid, pero sin tino con el estoque. La Real, con los primeros cambios de Imanol, pareció activarse algo más porque encontró a Brais y cuando el de Mos participa, todo parece mejorar a su alrededor. Y más aún si se junta con Pablo Marín, porque el de Logroño es otro chico que tiene muy buena pinta.
Pero el Madrid tenía el candado puesto en la portería de Lunin. La implicación defensiva de todos fue encomiable, hasta de los que tuvieron un partido plomizo con el balón en los pies. El ucraniano no sufría, la Real no tenía ningún Trump sobre el campo, y los de Ancelotti acabaron llevándose el triunfo en la ida por la mínima aunque Remiro, con un paradón tremendo a Bellingham, evitó el segundo tanto blanco. En el Bernabéu, en más de un mes, la decisión de la eliminatoria.